Artesano
Víctor Vélez
Artesano
Víctor Vélez

Biografía

Inicios en la música

En las frías noches de invierno no era difícil escuchar la lija de la madera de unos barriles de queso desde una de las famosas escaleras de escape de fuegos en Nueva York. Era la mano de obra de Víctor “Sorpresa” Vélez.

Víctor Manuel Vélez Flores nació en Nueva York el 1 de julio de 1970 aunque se mudó con sus padres de regreso a San Germán a sus siete años. En el barrio de Pueblo Nuevo, Vélez Flores vivió en el callejón El Fósforo, pero descubrió su amor por la música cuando acompañaba a los músicos locales que se reunían en el colmadito cercano a su hogar.

“Yo me iba con una lata que me daba mi abuela de galletas Sultanas… y mientras ellos tocaban, yo me sentaba por un ladito y tocaba [con ellos]”, narró Víctor.

Como si fuera poco, cuando no estaba tocando en el colmado, el maestro percusionista frecuentaba la casa de la vecina de su abuela, la trovadora Luz Celenia Tirado, durante los ensayos de su grupo donde terminaba cantando y tocando. Fue en esa misma casa donde alrededor de 1979 conoció a Ángel Luis Torruellas, el rey de la Plena.

Durante su tiempo en la escuela intermedia participó en varias agrupaciones musicales estudiantiles, aunque en ese entonces tocaba instrumentos de viento. En 1983, durante una gira escolar, asistió a un evento teatral de la Familia Cepeda; fue aquí donde descubrió su amor por la percusión. Para Víctor, la presentación de doña Caridad Brenes de Cepeda fue tan impactante que le juró a su compañero de banda en ese entonces, Juan Tenorio: “algún día yo voy a tocar con esa gente”. Fue así como comenzó sus estudios e investigación sobre la Bomba. 

Tras graduarse de escuela superior, asistió a la Universidad Interamericana de San Germán pero solo estuvo dos meses antes de zarpar a los Estados Unidos para incorporarse a la milicia. Vélez Flores tocó un tiempo con el Marine Corps Band pero durante un pase de su servicio regresó a vivir a Nueva York donde se envolvió con algunos amigos para tocar música puertorriqueña en la Gran Manzana. “Uno no podía tocar en cualquier sitio. La Policía venía y le entraba a palos a uno y le quitaban los instrumentos”, contó Vélez sobre su tiempo tocando en las calles de Nueva York, que hoy en día son reconocidas por la gran variedad de expresiones artísticas de distintos medios. 

De igual forma, según Victor, muchos de los lugares donde tocaban no querían saber de la Plena ni la Bomba, los dos géneros musicales que su agrupación nuyorquina tocaba por considerarla “música de viejitos”. Pero durante un festival musical tuvo la oportunidad de compartir su música tras finalizar el evento. “Muchacho, se formó un ‘reperpero’, y todo el mundo haciendo coro y todo el mundo bailando”, mencionó Víctor quien fue en este evento que recibió el nombre de su agrupación, “La Sorpresa”, por la sorpresa que daba su agrupación al encender la fiesta.

Tras servir nuevamente en el Army y regresar, Víctor Sorpresa se involucró con los “Pleneros de la 21” y estuvo tocando música intermitentemente mientras cumplía servicio militar en diversas partes de los Estados Unidos. En una de esos momentos libres de la milicia, tuvo un reencuentro con Ángel Luis Torruellas, quien estuvo recluido en un hospital del Bronx mientras recibía tratamiento contra el cáncer del hígado. 

Víctor y su compadre, al que solo identificó como Tomás, cogieron de visitar a Torruella mientras convalecía en el hospital, ayudándolo a recuperarse al son de música y asopao’. Tras el artista mejorarse, Víctor y Tomás, junto a Torruella y otros músicos, entre ellos Cheo Rivera en el cuatro, Israel Cotto en la guitarra y el gran Pafú, crearon la agrupación “Angel Luis Torruella y los Pleneros de Borinquen”. Junto a esta agrupación, Vélez tuvo la oportunidad de trabajar con grandes figuras inspiradoras de la música entre ellos el Grupo Cimarrón, los Instantáneos de la Plena, Unión Boricua, y tuvo la oportunidad de conocer a grandes figuras de la Bomba y la Plena como los nietos de Eustacio Flores, Yani y Benjamín Flores, María Eugenia “la Bailadora”, Marcial Reyes, Ramón y Tito Cepeda, entre otros.

“Tuve la bendición de estar en el sitio correcto en el momento correcto… lo que venía de cada una de esas personas era aprendizaje puro”, afirmó Víctor.

La transmutación de los barriles neoyorquinos

La música boricua en Nueva York era buena, pero conseguir los instrumentos era cuesta arriba para todos estos músicos quienes no tenían acceso a muchos de los barriles que salen de destilerías puertorriqueñas.

En los comienzos de 1994, mientras tocaba con panderos hechos con ollas, Víctor y su hermano Papo idearon una manera de conseguir barriles para sus instrumentos a través de los restaurantes de comida griega e italiana, quienes transportaban algunos ingredientes como el pescado y el queso ricotta en pequeños barriles de madera. Fue en estos barriles que Víctor Vélez construyó su primer barril de percusión.

“Había que lavarlos, y lavarlos, y lavarlos, y hasta pegarles fuego por dentro porque la peste que cogía eso con el queso y con la arenca… si tu armabas ese barril sin limpiarlo, tú tocabas y la peste se regaba por todo el local”, advirtió el músico.

Su segunda experiencia creando barriles fue a base de un barril de “Moonshine”, una reconocida bebida alcohólica estadounidense a base de maíz fermentado cuya confección es ilegal.

“Pero me salió un barril muy bueno con un sonido brutal. Lo único es que me salió un poquito enhuevado”, recordó Vélez.

Para trabajar en sus barriles, Víctor recurrió a laborar desde la salida de escape de su apartamento en Nueva York, que suelen consistir de unas escaleras metálicas, a la intemperie y sin herramientas. Pero esta realidad no detuvo los esfuerzos del plenero que consistentemente mejoró su técnica mientras veía a otras personas trabajar en los barriles en sus visitas de regreso a Puerto Rico.

La técnica la adquirió en 1993 a través del grupo “Hermanos fraternos de Loíza”, quienes también tocaban música en Nueva York. Fue uno de los directores de este grupo, Carmelo Acosta, quien le enseñó a utilizar los barriles de arenca. Fue viendo estos barriles que pudo replicar la técnica y suplir los barriles y panderos a los músicos de Nueva York.

Los Barriles sorpresas eran de los pocos suplidores de instrumentos de percusión para los músicos de Nueva York, quienes dependían de Víctor y Papo y su compadre Tomás para poder conseguir instrumentos. Entre otros artesanos que también trabajaban la percusión estaban Frankie Vélez y Benny Ayala, mientras que Chema (de la Casita de Chema) conseguía los cueros de chivo.

A su regreso a Puerto Rico en el 2002, Víctor continuó creando barriles, aunque esta vez de cáncamo o de llave. Fue durante este tiempo que conoció otros artesanos como Iván Dávila, Papo del Valle, Rafael Trinidad, Elo Molina, entre otros. De ellos adquirió estilos diferentes de artesanía de percusión. A esto se sumó ideas que adquirió de tambores de soga de Guadalupe y Martinica que vio en el Museo Taller Africano de Tato Conrad.

Los Barriles Sorpresa han adquirido popularidad alrededor del mundo gracias al trabajo que Víctor pone en cada uno de ellos. En una gira junto a Plena Libre a Europa en finales de 2004 tuvo la oportunidad de vender algunos de sus barriles en Amsterdam, Inglaterra, Alemania, entre otros lugares. Actualmente Víctor continúa construyendo barriles y participa como músico en agrupaciones como Plena Libre.

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Por Richard Colón Badillo

Historia en cada artesanía

Fotografías del artesano y su obra

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