Nellie Lebrón y Emanuel Dufrasne: Investigar para preservar e innovar

Nellie Lebrón y Emanuel Dufrasne han sido figuras importantes en casi todas las dimensiones de nuestra música folklórica afropuertorriqueña. El ecosistema debe agradecerles sus grandes contribuciones desde la investigación, la educación, la creación y la difusión de nuestros géneros como la plena y la bomba. Pero yendo un poco más allá, sus contribuciones tienen una dimensión de justicia geográfica al visibilizar las importantes aportaciones de los músicos y compositores/as de la región Sur de Puerto Rico. Y es que precisamente de ahí es que vienen sus principales influencias.

Por ejemplo, Nellie viene de una familia muy musical de Guayama. “Mi familia materna era la más conocida en su momento por ser una familia muy musical, especialmente en el área del canto. Todas mis tías, mi mamá… todas cantaban en los eventos familiares, pues siempre se hacía música”. Por su parte, Emanuel nació en Ponce, pero su familia vivió un tiempo en Nueva York, donde había un contacto directo con toda la música latina que se desarrollaba en la época. Emanuel tiene buenos recuerdos del impacto que tuvo la televisión en su sensibilización con la música. “Fue una época en que uno veía en televisión a menudo a figuras como Louis Armstrong o Tito Puente o distintos artistas que visitaban el espectáculo de Ed Sullivan”. Algo parecido ocurría con la televisión local. Bueno, la Orquesta Panamericana aparecía de lunes a viernes al mediodía. Por años, el Gran Combo en el Canal 2 y la Orquesta Panamericana en el Canal 4. Y además de eso, había por las tardes y por las noches programas que tenían invitados internacionales y también del país”.

Sin embargo, el primer contacto con lo afro-puertorriqueño se da, en el caso de Emanuel, cuando ve a los Hermanos Ayala en una presentación en televisión cerca del año 1963. Sin embargo, su abuelo Malaquías González Ruiz, nacido en 1913, ya le contaba haber visto bailes de bomba en Juana Díaz en la década de 1930. La plena también estaba presente en los barrios como Coto Laurel, donde recuarda mencionar a un requintero de nombre Bachiche y a un tocador de acordeón de botones llamada Pacharo. Sobre esta figura hay una leyenda de que murió envenenado a través de un trago de ron, hecho que se inmortalizó con una plena:

Yo no quiero morir,

yo no quiero morir,

yo no quiero morir

como murió Pacharo

Y entonces los versos que decían:

Con un vaso de ron

fue que lo envenenaron,

yo no quiero morir,

como murió mi amigo Pacharo

Era un amigo sincero,

más que un amigo, un hermano,

yo no quiero morir,

como murió mi amigo Pacharo

En el caso de Nellie, la bomba estaba presente en las fiestas familiares, sobre todo a través de la familia Montes Sabater en Guayama. Dentro del ambiente de celebración, también había un reconocimiento de la importancia de esta tradición que habían legado sus ancestros. “Pero sí había esa conciencia de que estamos tocando bomba, que esto viene de los esclavos. En ese momento era el vocabulario que se usaba, que era de los negros, que era música de los negros, que nosotros somos negros y somos orgullosos de serlo”.

Luego al entrar a la Universidad de Puerto Rico ambos comenzaron procesos de investigación que luego se entrelazaron al conocerse y que culminarían con la creación de Paracumbé como una agrupación de investigación, creación, difusión y preservación de nuestras músicas. Aun dentro de ese formato, la investigación estaba muy presente: “Luego cuando tuvimos Paracumbé era parte esencial ir a donde estas personas que eran las fuentes primarias… bailarles, tocarles, cantarles; para que ellos nos corrigieran y nos dijeran, mira, así era, así no es, corrijan esto, así no es el toque, toca así, esto está bien cantado, esto está bien bailado. Eso fue una experiencia que yo creo que hoy día ningún grupo lo puede tener”, cuenta Nellie Lebrón.

Por su parte, Emanuel narra cómo a través de sus investigaciones se fue adentrando en instrumentos musicales que en algún punto estuvieron en nuestra tradición como el tumbandero. También ambos recalcan en la importancia de entender las dinámicas que provocaron su fabricación, a diferencia de las tendencias en África, algo que Nellie atribuye a la disponibilidad de la materia prima: “Aquí muchos de los tambores que hoy consideramos como tambores tradicionales vienen porque hay una tradición comercial. Por ejemplo, en el área sur, los tambores originalmente son hechos de los barriles donde se curaba el ron. Estos barriles los dejaban de usar después de un tiempo, porque la madera ya no curaba la materia de la misma manera. Un barril de ron tiene una vida útil de unos cuantos años, y entonces ya la materia prima del barril del tambor estaba hecha. No había que pasar el trabajo de hacerla desde cero”.

Nellie y Emanuel conocen muy bien las distintas evoluciones del folclor, desde la interpretación hasta la fabricación de los instrumentos de percusión. También valoran mucho el trabajo artesanal y son custodios de un pedazo de ese patrimonio a través de los tambores de bomba sureña que les legó Don William Archeval López, así como unas réplicas más pequeñas de ese tambor sureño que fabricó Juan Alvarado, quien falleció en 1983 en el barrio Cuatro Calles en Ponce. En el caso de William Archeval, era interesante como la artesanía se compartía en la familia, ya que su esposa Julia Verdejo se dedicaba a hacer las enaguas para las bailadoras de bomba.

Esa evolución de la artesanía de percusión también ocurrió con los géneros musicales. Inclusive, Emanuel hace referencia a las palabras de un conocido plenero sobre la relación del pandero con los barriles: “Así es que la idea de que los panderos son versiones portátiles de los tambores de bomba, como me dijo Vicentico Morales, yo creo que tiene mucha lógica”. Este planteamiento también se complementa con varios ejemplos que Durasne y Lebrón ofrecen sobre la relación de la plena como patrón rítmico y algunas variantes de la bomba como el holandés, el cunya y el seis corrido de Loíza.

Pero más allá de la gran contribución cultural de Nellie Lebrón y Emanuel Dufrasne a través de la investigación y la educación, es importante volver a destacar el trabajo del grupo Paracumbé que se fundó originalmente en 1979 como un grupo escolar en Carolina, cuyo nombre original era Los Pleneros del Turey. La incorporación de Nellie como voz principal representó una innovación importante en momentos en que las mujeres no habían tenido un rol protagónico en los conjuntos musicales. El trabajo de Paracumbé ha sido fundamental para rescatar y preservar algunas prácticas y sonidos ancestrales que lograron conocer a través de la investigación, el uso de instrumentos tradicionales como la marímbula y el componente armónico con gran énfasis en las voces.

Por: Javier Hernández Acosta

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