Papo del Valle: El custodio de la tradición

Su nombre de pila es Ángel Enrique del Valle López, hijo de Victoria y Carmelo, ella enfermera y él mecánico automotriz. Ya desde muy niño tiene sus primeros recuerdos junto a la música. “La música, pues desde niño, porque yo bailaba. Creo que tenía tres años, cuatro años. Y entonces, pues yo oía música y empezaba a bailar. Y entonces mi familia gozaba, me veían y me aplaudían”. Más adelante comenzó dando parrandas en Reparto Metropolitano y aprovechando las clases de música en la escuela donde a veces les enseñaban algunas canciones puertorriqueñas y algo sobre nuestra música autóctona.

Ya en la escuela superior Papo comenzó a colarse en las giras de cuarto año donde algunos estudiantes del Residencial Nemesio Canales llevan unos panderos que fabricaba un artesano de la comunidad. También recuerda la Orquesta La Explosión Latina en Reparto Metropolitano que incluía a músicos jóvenes que luego continuaron profesionalmente como Ernesto “Tito” Rivera, y ahí definitivamente le llamó la atención la sección rítmica y los instrumentos de percusión.

Una vez termina la escuela superior en 1975 decide no entrar a la universidad e ir directo a trabajar, pero continúa practicando la percusión hasta que entra con el Conjunto Criollo del fenecido cantante y percusionista Giovanni Lugo. Durante ese tiempo también empezó a asistir a algunas descargas que músicos jóvenes hacían en el área de Piñones, donde recuerda a músicos como Tito De Gracia y David Rosado Cuba.

Un poco más adelante en el tiempo, Papo del Valle entra a trabajar con Sylvia del Villar, una importante académica, gestora cultural y profesional de la danza que visibilizó las danzas afro dentro de la escena cultural de Puerto Rico. El estilo de Sylvia siempre fue muy particular al no enmarcarse en los esquemas tradicionales de la danza. Y Papo lo recuerda desde el día en que la conoció. “Y entonces, pues fuimos a la casa en la calle San Sebastián. Cuando llegamos allí, pues yo le pregunto, ¿hay grabación? Me dice, no. Yo bailo y ustedes me siguen… Yo bailo y ustedes pues traten de ponerle música a lo que yo voy a hacer. Y yo digo, ¡ok!”

Con Sylvia, Papo estuvo a cargo de la percusión, siendo responsable de crear los patrones para las coreografías e improvisaciones de su repertorio. Aquí Papo recuerde un viaje a Haití donde fueron a representar a Puerto Rico.

“Se llamaba el Folk Festival de la diáspora africana, de África al Caribe. Y entonces vienen muchos grupos de África y grupos de Estados Unidos que compartimos en ese tiempo. Estuve unos siete días. Y Puerto Rico, pues llevó la Bomba. Pero, lo más espectacular de esto es que cuando empezó, cuando subimos a tarima, que era frente al Palacio Presidencial, que cuando eso estaba todavía Duvalier en el poder. Cuando empezamos a tocar el Sicá, el pueblo se desborda y se querían trepar en la tarima. Y entonces los policías empujándolos. La policía militar empujando a la gente para que se bajaran. Y entonces ellos lo que querían eran tocarnos, saludarnos… Cuando le metimos al Yubá, chacho, aquello fue también una cosa. Porque esa presentación fue de gratis para el pueblo”.

La experiencia con Sylvia también ayudó a Papo a continuar estudiando patrones rítmicos y culturas musicales de muchos países, un interés por la investigación que luego lo llevó a profundizar sobre la historia de la Bomba y más adelante en la artesanía de tambores. Sobre esta práctica Papo ya conocía del trabajo de Ismael Ramos, conocido por su marca Timbas Ismael, a quien visitaba desde que tenía algunos 16 años, aunque nunca tuvo una experiencia directa a enseñanza/aprendizaje con Ismael. “Lo que yo pude aprender de Ismael era cuando él curaba los cueros. O sea, la forma como él lo hacía, pues eso fue lo que yo aprendí de él. Pero hacer un tambor como tal, él no le enseñaba a nadie. Él era bien celoso con eso”.

Algunos años después Papo compró sus primeras Timbas Ismael que pertenecieron al boxeador Cholo Espada, quien además del deporte llegó a tener una orquesta de salsa. Papo continuó su carrera musical con varias agrupaciones de salsa, merengue y calypso como la Caribbean Steel Band y los Hijos de Puerto Rico. Pero un día regresa al taller de Timbas Ismael porque estaba buscando otro sonido para sus tumbadoras. Entonces, probó unas que tenían el sonido que quería, pero ya estaban vendidas para “Little Johnny” Rivero, que en aquel tiempo tocaba con la Sonora Ponceña. “Entonces yo las toqué, chacho, tienen un sonido. Estaban hechas en roble de un árbol que él había conseguido y había cortado la madera. Y se las hizo porque él se las pidió así. Entonces él le llevó las medidas específicas. Y entonces, pues yo le digo, mira Ismael, yo quiero unas congas así. ‘No, ahora lo que yo hago es caoba. Esas de roble dan mucho trabajo”.

En ese momento Papo decidió que él también podía hacer el instrumento, lo que lo llevó a investigar sobre todo el proceso. Recuerda cuando visitó la Bacardí para hablar con los toneleros que aun trabajaban en la fábrica, posición que luego desapareció con el tiempo. Ellos le explicaron la matemática para deconstruir un círculo en distintas tablas con ángulo para lograr la caja de resonancia. También consultó con Martín Quiñones, percusionista de Cortijo y su Combo y El Gran Combo que también hacía tambores de forma muy rústica.

Fue entonces cuando conectó con un artesano muy importante en el desarrollo del tambor puertorriqueño y parte de la tradición de Cataño, gracias a su amigo Tony Chanlatte. “Y entonces él me dijo, pues yo conozco un señor en Cataño que se llama Sixto Carmona. Vamos a ir allá y hablamos con él. Y entonces Sixto, pues me dijo más o menos un la de cómo tornear. A pesar de que también Sixto era bien rústico. Y tenía su forma también de hacerlo. Y entonces él me enseñó a hacer los “plates”, o sea, hacerle las orejitas. Me dio un poquito de torneo, tú sabes, y cómo poner las flechas. Y sí, ahí Sixto Carmona, pues en esa parte, pues fue bien abierto”.

Papo continuó visitando a Sixto los fines de semana donde formaban unas rumbas con las tumbadoras que tenía en su taller. Sin embargo, realmente Papo necesitaba conseguir un torno como en el de Sixto, que luego validaron que él mismo había hecho. “Y entonces, pues, ahí él dice, ustedes me quieren preguntar algo, porque ustedes han venido ya como tres veces aquí. Ustedes no vienen solamente por rumbear conmigo. Entonces, pues, y yo, bueno, sí, lo que queremos saber es que yo quiero un torno. Ah, pues, ese torno lo hice yo”. Y ante el reto de no poder conseguir una persona que le hiciera el torno a Papo, Sixto termina diciendo: “pero si tú quieres yo te vendo ese”. Luego de lograr el pago total en varios plazos, Papo tuvo su primer torno con el cual construyó sus primeros instrumentos.

Luego de mucha práctica y lectura de libros relacionados a la técnica de tornear, Papo fabricó su primera tumbadora. Y como si requiriera cerrar un ciclo, se la llevó a Sixto Carmona. “Y me acuerdo de que fue un sábado, que también fuimos y se la llevamos para que él la viera. Entonces, él se quedó así. La miraba, pero bien serio. Y entonces, él callado y la miraba. Entonces, él la miró, la levantó. Y entonces, la puso así, se retiró un poquito y la miraba de lejos. Y dice, muchacho, tú lo que hiciste fue un mueble. Eso es para dejarlo en la en la sala de la casa… Y dice, muy bien, muy bien hecha, muy bien hecha. Pero eso es un mueble, eso lo que tú hiciste fue. Y entonces, nosotros nos fuimos bien contentos”.

Ahí comenzó una trayectoria de fabricación de tambores que ya lleva al menos cuatro décadas. Toda esa experiencia se mantuvo intercalada con su trabajo como músico, pero también como investigador. Junto al también artesano y músico Iván Dávila estuvieron relacionados con los grandes exponentes de la Bomba del sur y el oeste, incluyendo una participación con el proyecto musical de Don Félix Alduén, que en parte quedó documentada en el especial Raíces que produjo el Banco Popular. Sobre este trabajo audiovisual, Papo lo define como un punto que abrió muchas puertas para la bomba y la plena. “Y entonces, después de ahí, del documental, fue como una puerta que se abrió bien brutal. Y entonces, empezó acá el trabajo para hacer barriles y para hacer panderos”.

Papo culmina con algunos consejos para los artesanos más jóvenes. “Hay que respetarlos, hay que darles un valor a esos artesanos que llegaron primero que nosotros porque ellos fueron los precursores y fueron los que mantuvieron esto, lo que tenemos ahora. Porque sin ellos, a lo mejor no estuviéramos haciendo tambores”. Pero también aprovecha la oportunidad para destacar la importancia que tiene la transmisión de conocimiento. “Porque al enseñar no se va a perder la tradición de hacer panderos, hacer barriles, hacer tambores batás o hacer cajones, tú sabes. Porque no somos eternos. No vamos a durar toda la vida. Pero el nombre, si tú le enseñas a esa persona bien, tu nombre va a durar una eternidad”.

Por: Javier J. Hernández Acosta

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